Las arvejas consumen menos agua que otros cultivos. (Foto: Freepik)
En los últimos años, las arvejas han ganado un protagonismo notable en el mundo agrícola.
Su creciente demanda, impulsada por consumidores que buscan alternativas proteicas a la carne y desean mantener una dieta saludable y equilibrada, ha convertido a esta legumbre en una opción muy rentable para la rotación de cultivos.
Las condiciones climáticas favorables también han contribuido a su popularidad, posicionándolas como una opción atractiva para los agricultores.
Especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en Argentina, analizaron las propiedades de esta legumbre y ofrecieron consejos prácticos para optimizar su cultivo.
Beneficios agronómicos
Desde el punto de vista agronómico, las arvejas ofrecen múltiples beneficios.
Consumen menos agua que otros cultivos invernales, se adaptan bien a rotaciones con soja y maíz, y compiten eficazmente con las malezas.
Además, tienen la capacidad de fijar nitrógeno del aire, mejorando la fertilidad del suelo.
Esta capacidad de fijación biológica de nitrógeno cubre aproximadamente el 50 % de las necesidades totales del cultivo, convirtiendo a las arvejas en una excelente opción como precursor de cultivos de segunda, especialmente cereales estivales.
Para aprovechar al máximo los beneficios de la Pisum sativum, es importante inocular las semillas con bacterias que faciliten la fijación de nitrógeno.
Estas bacterias pueden suministrar entre el 60 % y el 70 % del nitrógeno necesario, mientras que el resto es absorbido del suelo.
Estrategias para un cultivo exitoso
Gabriel Prieto, especialista en legumbres del INTA Arroyo Seco, Santa Fe, destaca que las actuales reservas de agua son perfectas para la siembra de arvejas tanto invernales como primaverales.
“El pronóstico de un invierno de transición entre El Niño y condiciones neutras o La Niña favorece mucho a las legumbres ya que no tendremos excesos de lluvias al final del invierno y primavera”, explicó.
El éxito del cultivo de arvejas depende en gran medida del ambiente y del momento de la siembra.
Según Prieto, el ambiente explica el 87 % de la variabilidad del rendimiento, mientras que la variedad del genotipo solo representa el 3 %.
Siembra y variedades
Para evitar las heladas tardías y las altas temperaturas en la etapa reproductiva, es necesario sembrar en las fechas óptimas.
Entre las variedades invernales más resistentes al frío se encuentran Escrime, Aviron, Balltrap y Curling, que pueden alcanzar rendimientos máximos de hasta 4,000 kilos por hectárea.
Las variedades primaverales como Orchestra, Skol, Reussite y Astronaute tienen un potencial de rendimiento de hasta 5,000 kilos por hectárea.
Incluir arvejas en la rotación de cultivos es una decisión inteligente para el bolsillo y también una elección beneficiosa para el ambiente y el consumidor.
Su capacidad para adaptarse a diversas condiciones climáticas y su eficiencia en el uso del agua las convierte en una opción muy atractiva. Con la demanda de legumbres en aumento, las arvejas se consolidan como un cultivo esencial en la agricultura moderna, ofreciendo rentabilidad para el productor, sostenibilidad y salud.
El modelo Arroz-Pato destaca por su capacidad de controlar plagas y malezas en los cultivos. (Foto: Cambiagro)
En la comunidad de San Ignacio, ubicada en el cantón Sucre, provincia de Manabí, en Ecuador, se exhibió el proyecto Arroz-Pato, una iniciativa que busca integrar la cría de patos en los cultivos de arroz.
Uno de los principales beneficios de este modelo es su capacidad para controlar plagas y malezas de manera natural.
Según Leopoldo Viteri, director distrital del MAG en Manabí, “el pato ayuda a controlar plagas y malezas, así como a mejorar los suelos. Esto permite que la gramínea se desarrolle más de lo normal, estimándose la cosecha en 116 días”.
Los patos también contribuyen a la fertilización del suelo, lo que mejora su calidad y, en consecuencia, la salud y el rendimiento del cultivo de arroz.
Pedro Peñafiel, técnico del MAG, destacó que esta técnica no requiere una inversión en infraestructura, lo que la hace accesible para los pequeños y medianos agricultores.
“En este proceso, el productor tiene dos ingresos: la venta de arroz y la de pato. Así, aunque baje el precio del arroz, con el ingreso del pato no baja la rentabilidad”, añadió Peñafiel.
Además, el polvillo resultante del pilado del arroz sirve como alimento para los patos, creando un ciclo de producción eficiente y sostenible.
Implementación y capacitación
Para asegurar la correcta implementación de esta tecnología, técnicos del MAG viajaron a China, país pionero en esta práctica, para capacitarse en su aplicación.
La capacitación incluyó la observación de cómo los patos ayudan a reducir el uso de agroquímicos, mejorando las condiciones del ecosistema arrocero y promoviendo una producción más amigable con el ambiente.
Esta técnica también fortalece las capacidades de emprendimiento al diversificar las fuentes de ingreso con la cría de patos.
El modelo de cultivo Arroz-Pato se basa en una parcela multipropósito en la que se produce no solo arroz, sino también carne y huevos de pato.
Esto genera productos finales seguros y saludables para el consumidor y abre la posibilidad de desarrollar el agroturismo, ofreciendo una experiencia atractiva para los visitantes que desean conocer prácticas agrícolas sostenibles.
Detalles operativos
La recomendación para implementar este sistema es utilizar 150 patos pequeños por hectárea de arroz, los cuales son importados de Perú.
Durante el ciclo de cultivo, que dura 116 días desde la siembra hasta la cosecha, los patos machos alcanzan un peso de cuatro kilos, mientras que las hembras llegan a pesar 3.6 kilos.
El costo referencial de producción de una hectárea de arroz agroecológico en temporada de invierno es de aproximadamente US$1,408.72.
Esta cifra incluye todos los gastos asociados al manejo integrado del cultivo y la cría de patos, demostrando que la adopción de este modelo es económicamente viable para los agricultores de la región.
Recomiendan tener 150 patos pequeños por hectárea. (Foto: WFP/Giulio d’Adamo / tomada de es.wfp.org)
La integración de patos en el cultivo de arroz representa una estrategia innovadora que combina eficiencia económica y sostenibilidad ambiental.
Este modelo mejora el rendimiento y la calidad del arroz, diversifica las fuentes de ingreso para los agricultores y reduce la dependencia de agroquímicos.
La experiencia de los técnicos del MAG en China y su implementación en Manabí muestran un camino prometedor para la agricultura sostenible en Ecuador, con beneficios tangibles para los productores.
Este enfoque ha sido fundamental en el desarrollo de vacunas y terapias génicas en humanos y animales. Sin embargo, la aplicación de esta tecnología en plantas tan solo comienza.
El IBMCP y sus colaboradores proponen utilizar virus atenuados o débiles, que son seguros para las plantas, para introducir genes que mejoren características agronómicas como la resistencia a la sequía o la calidad nutricional de los cultivos.
“Los vectores virales pueden usarse para la edición precisa del genoma mediante abordajes que se basan en componentes CRISPR-Cas para conseguir mejoras heredables en características agronómicas como la longitud y el peso del grano en el trigo o el color de los frutos en tomates”, explicó Fabio Pasin, investigador del CSIC en el IBMCP.
Esta técnica ofrece mejoras genéticas duraderas y soluciones temporales que pueden ser implementadas rápidamente para enfrentar desafíos inmediatos.
Mejor resistencia y nutrición
La resistencia a condiciones ambientales extremas y la mejora de la calidad nutricional de los cultivos son dos de los objetivos principales de esta tecnología.
Por ejemplo, el uso de vectores virales puede acelerar la floración en cítricos, permitiendo cruces rápidos entre variedades y la selección de nuevas con mejores características.
Fabio Pasin pone de ejemplo el algodón, un cultivo que consume grandes cantidades de agua: “A través de vectores virales se pueden lograr mejoras en la productividad o reducir la cantidad de recursos necesarios para lograr una buena producción”.
Los vectores virales no solo pueden ayudar a mejorar la resistencia de las plantas a condiciones adversas, sino que también pueden aumentar la concentración de compuestos beneficiosos para la salud humana.
Por ejemplo, una empresa alemana trabaja para potenciar componentes saludables como las antocianinas en tomates, regulando la síntesis de estos antioxidantes mediante vectores virales.
Pasin compara la técnica con usar un USB para actualizar el software de un dispositivo electrónico, como las computadoras. (Foto: tomada del sitio CSIC)
Ventajas de este método
Los métodos tradicionales de mejora genética de plantas, como el cruce selectivo, son procesos largos y a menudo ineficaces.
La introducción de genes específicos mediante vectores virales ofrece una alternativa más rápida y eficiente.
Según Pasin, esta técnica es comparable a usar un USB para actualizar un software, en lugar de reemplazar todo el equipo.
Además, estas aplicaciones son una alternativa más sostenible que promueve una agricultura más eficiente.
“Las aplicaciones basadas en vectores virales permiten lograr mejoras transitorias que ofrecen una alternativa atractiva por su rapidez de desarrollo y validación al uso de agroquímicos para sistemas productivos agrícolas más eficientes y sostenibles”, aseguró el científico.
Este enfoque podría revolucionar la forma en que manejamos los cultivos, haciendo que la agricultura sea más adaptable y menos dependiente de productos químicos nocivos.
A pesar de sus ventajas, la implementación de vectores virales en la agricultura enfrenta varios retos.
Uno de los principales es la regulación y la aceptación pública. Mientras que los virus recombinantes se utilizan de forma segura en medicina y veterinaria, su uso en la agricultura aún no está autorizado, ni siquiera en entornos controlados.
Los investigadores destacan la paradoja de que una tecnología aceptada para la vacunación de humanos y animales no tenga aplicaciones agrícolas registradas.
“Es un nuevo tipo de producto, se parece a un agroquímico pero es biológico y en la actualidad no hay nada equivalente en el mercado para uso agrícola así que no tenemos precedentes y haría falta un análisis profundo por parte de las autoridades”, afirmó.
El proceso de aprobación regulatoria para el uso de vectores virales en plantas es complejo. Se requieren medidas para evitar su dispersión no controlada en el medio ambiente y garantizar la biocontención.
Los investigadores también enfrentan retos relacionados con la percepción pública. A diferencia del cultivo de algodón, que no está destinado al consumo humano directo, la modificación genética de alimentos puede generar rechazo entre los consumidores.
Sin embargo, Pasin y su equipo aseguran que “estas herramientas basadas en virus son totalmente biodegradables” y más seguras que algunos productos agroquímicos.
La investigación en el IBMCP está en una fase avanzada, demostrando la eficacia de los vectores virales en condiciones experimentales.
Los próximos pasos incluyen la optimización de plataformas tecnológicas para la producción a escala industrial y la validación de aplicaciones agrícolas específicas, como la mejora de cultivos de tomate.
La tecnología ofrece una alternativa a métodos tradicionales. (Foto: El Confidencial)
Aplicaciones inmediatas y a largo plazo
“Se trata de mejoras transitorias en la planta que se está desarrollando y dará sus frutos”, argumentó Pasin, al tiempo que enunció: “En nuestro caso utilizamos las herramientas de edición genética CRISPR-Cas para inducir mejoras heredables, lo cual permite acelerar la selección de variedades mejoradas”.
Estas aplicaciones podrían transformar la agricultura, permitiendo una mayor adaptabilidad a condiciones cambiantes y mejorando la seguridad alimentaria global.
La propuesta de “vacunar” plantas mediante vectores virales representa una revolución en la agricultura.
Esta tecnología ofrece una alternativa prometedora a los métodos tradicionales de mejora genética, con el potencial de crear cultivos más resistentes y nutritivos de manera rápida y sostenible.
Aunque existen retos regulatorios y de aceptación pública, los avances en biotecnología vegetal abren nuevas posibilidades para la producción de alimentos y la sostenibilidad ambiental.
Como señaló Pasin, el camino hacia la implementación de estas innovaciones está lleno de oportunidades, siempre que se supere la barrera de la rentabilidad y se priorice la investigación con impacto significativo en la agricultura global.
Fuentes: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) / El Confidencial / nature.com
La canícula es un periodo corto de sequía en temporada de lluvia. (Foto: Pixabay)
La canícula es un fenómeno climático que despierta interés y preocupación, especialmente en la región (Centroamérica y México).
Para los productores, es importante conocer la fecha para planificar las actividades agrícolas de manera efectiva y minimizar los riesgos asociados a este período de altas temperaturas y bajas precipitaciones.
¿Qué es la canícula?
La canícula, también conocida como “veranillo” en países como Costa Rica y Panamá, es un período de sequía que ocurre durante la temporada de lluvias.
Este fenómeno no es más que una disminución de las precipitaciones y un incremento de las temperaturas.
Suele presentarse entre julio y agosto, aunque las fechas exactas pueden variar dependiendo de la región.
La canícula afecta principalmente a las regiones tropicales y subtropicales, como Centroamérica y el sur de México.
Este fenómeno puede tener diferentes intensidades y duraciones, influenciadas por factores meteorológicos y geográficos específicos de cada área.
¿Cuándo entró la canícula en 2024?
El pronóstico de los servicios meteorológicos en los países de Centroamérica y México respecto a la canícula del año pasado sí se cumplió.
Canícula 2024 en México: esta tuvo lugar, según la región, entre el 3 de julio y el 11 de agosto. En algunas regiones se extendió hasta el 25 de agosto.
Canícula 2024 en Guatemala: según la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED), la canícula comenzó la tercera semana de julio y finalizó hasta la segunda semana de agosto.
Canícula 2024 en El Salvador: estuvo dentro del periodo típico, entre el 11 al 19 de julio, según el resumen anual del Ministerio de Medio Ambiente local.
Canícula 2024 en Honduras: Tuvo una duración de al menos 45 días, entre el 20 de julio y casi finales de agosto, según una nota del medio local El Heraldo.
Canícula 2024 en Nicaragua: el patrón fue similar al pronosticado meses antes, entre julio y principios de agosto.
Canícula 2024 Costa Rica: la canícula en tierras ticas estuvo alineada al patrón regional, entre julio y agosto.
Canícula 2024 Panamá: la canícula se presentó entre finales de julio y principios de agosto, y tuvo una duración de entre 4 y 6 días, según el Boletín Agroclimático del Ministerio de Desarrollo Agropecuario.
Así estaba el pronóstico meses antes
De acuerdo con los servicios meteorológicos de los países mencionados a continuación, así como medios de comunicación locales, la canícula se daría de la siguiente forma:
México: entre julio y agosto. Esta ocurre después del solsticio de verano, el 21 de junio.
Costa Rica: se espera reducción de lluvias a partir de esta semana en la que coinciden el veranillo de San Juan (cercano al 24 de junio) y las canículas (entre julio y agosto).
En el caso de Colombia y Ecuador, la canícula no aplica debido a diferencias en las condiciones climáticas y geográficas.
4 razones por las que es importante conocer la fecha
Para los agricultores, conocer las fechas de la canícula es vital por:
Planificación en el manejo del cultivo.
Manejo eficiente y previsión de agua.
Prevención de plagas y enfermedades.
Mitigación de riesgos para evitar daños.
Temporada de canícula (2017-2023)
Canícula 2023
La canícula de 2023 se presentó como un evento tardío y breve, con inicio estimado entre la última semana de julio (alrededor del 24 de julio) y duración de aproximadamente 20 a 40 días, en promedio hasta mediados o finales de agosto.
En la región Centroamericana (Guatemala, El Salvador y otros), el periodo similar abarcó también julio y agosto, con marcada reducción de lluvias.
Canícula 2022
En México y Centroamérica, la canícula se desarrolló entre mediados de julio y mediados o finales de agosto, con una duración típica de 20 a 50 días.
Canícula 2021
El fenómeno se presentó principalmente entre julio y agosto, coincidiendo con la pausa seca conocida como veranillo de San Juan en Nicaragua y Costa Rica. Su duración fue de cuatro a seis semanas, con días secos intermitentes.
Canícula 2020
Los registros apuntan a un comportamiento similar al 2019: un evento entre julio y agosto, de duración moderada (entre 4 y 6 semanas), con reducción clara de lluvias en toda la región.
Canícula 2019
La canícula se desarrolló entre julio y agosto, con una pausa seca definida tras el pico de lluvias de junio, especialmente notable en Guatemala. Duró alrededor de 4 a 6 semanas.
Canícula 2018
En México, la canícula inició en la última quincena de julio y se extendió por unos 40 días, hasta finales de agosto, como lo reportaron Conagua y Cenapred. En Centroamérica, registró patrones similares de julio-agosto.
Canícula 2017
En países como Guatemala, se dieron fases de canícula entre el 5 y 15 de julio y una segunda en agosto. En términos generales, julio-agosto fue el periodo más afectado por la disminución de lluvias.
Para afrontar la canícula en el campo, la clave está en la planificación y en la adopción de medidas proactivas que permitan enfrentar estos retos climáticos de manera efectiva y oportuna.
Fuentes: CNN / Diario de Centro América/ Ministerio de Medio Ambiente de El Salvador / El Heraldo / Nicaragua Investiga / AM Prensa / Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá / CONRED
Autoridades recomiendan monitoreos constantes en el cultivo. (Foto: Cambiagro)
La agricultura en Honduras enfrenta una nueva amenaza con la aparición de una variación de trips que está afectando la cosecha de frijoles, especialmente en la región occidental del país.
Esta plaga representa un problema significativo para los agricultores y técnicos agrícolas.
Estos insectos pasan por varias etapas de desarrollo desde que nacen hasta alcanzar la madurez, presentando formas de vida distintas en cada etapa.
Las larvas se encuentran comúnmente en el envés de las hojas, refugiándose cerca de los nervios, mientras que los adultos se desplazan de planta en planta, revoloteando torpemente.
Maradiaga explicó que, aunque existen muchas especies de trips, los que están afectando actualmente a los cultivos de frijoles en Honduras son particularmente dañinos, pues se alimentan de diferentes partes de la planta, causando daños de gravedad variable.
Impacto en los cultivos de frijol
La aparición de esta plaga en los cultivos de frijol es un fenómeno nuevo en Honduras.
Anteriormente, los trips habían sido registrados en otros cultivos como tomate y chile, pero esta es la primera vez que se presentan en la cosecha de frijol.
Se cree que una mutación, posiblemente influenciada por el clima, ha permitido que esta plaga emigre a los cultivos de frijol.
Maradiaga indicó que la plaga afecta a los frijoles y también busca plantas de la misma familia como hospedero, lo que amplía el rango de cultivos vulnerables.
Este comportamiento incrementa la dificultad de control y manejo de la plaga, ya que puede propagarse rápidamente a través de diferentes tipos de plantas relacionadas.
Estrategias de manejo y control
Las autoridades han recomendado implementar monitoreos desde las etapas tempranas del cultivo hasta la madurez fisiológica para detectar la presencia de trips.
Se observa el marchitamiento de flores y hojas, así como la presencia de trips adultos y ninfas en las flores. Una de las medidas sugeridas es el uso de trampas adhesivas para monitorear y controlar la población de trips.
Además, la resistencia de estos trips a los productos de control de plagas existentes subraya la necesidad de desarrollar nuevos métodos de manejo y control que sean efectivos contra esta variación específica.
La aparición de una nueva variación de trips en los cultivos de frijol en Honduras es un problema de interés nacional para la agricultura del país.
La resistencia de estos insectos a los insecticidas actuales y su capacidad para afectar múltiples tipos de plantas hacen imprescindible una respuesta coordinada y la implementación de estrategias innovadoras de control.
Los agricultores y técnicos agrícolas deben mantenerse informados y vigilantes para mitigar el impacto de esta plaga y proteger las cosechas de frijol, fundamentales para la economía y la seguridad alimentaria.
1. Adopción de tecnologías para riego: la implementación de tecnologías avanzadas no siempre implica la adquisición de equipos costosos o novedosos.
En muchas áreas agrícolas, se puede mejorar significativamente la eficiencia del riego mediante la nivelación adecuada del terreno y la corrección de las dimensiones de las melgas.
Estas prácticas básicas, aunque simples, pueden incrementar la eficiencia de la aplicación del agua, asegurando que esta llegue de manera más efectiva a las raíces de las plantas.
2. Alternativas de riego ante la disminución de recursos hídricos: la reducción en la cantidad y calidad del agua disponible ha llevado a la búsqueda de alternativas que optimicen su uso.
Sistemas como el riego por goteo, ya sea superficial o subterráneo, tienen una eficiencia de aplicación superior al 90 %, en comparación con métodos tradicionales como el riego rodado, que presenta una eficiencia del 50 %.
Este último, aunque menos eficiente, sigue siendo predominante en cultivos básicos como el maíz debido a su menor costo y facilidad de implementación.
3. Determinación del momento adecuado de riego: basado en datos de evapotranspiración, este eje busca establecer calendarios de riego precisos.
Considerar factores como la evaporación y la transpiración es importante para reducir el estrés hídrico en los cultivos y optimizar el uso del agua, asegurando que se aplique solo cuando la planta lo necesita.
La agricultura debe adaptarse a las condiciones climáticas. (Foto: Gobierno de México)
Adaptarse
La variabilidad climática ha presentado nuevos retos para la agricultura de temporal, donde las lluvias irregulares y los chubascos torrenciales afectan los ciclos de maduración de los cultivos.
“Uno de los desafíos en la agricultura es adaptarse a las condiciones climáticas presentes y buscar cultivos alternativos que se desarrollen en dichas condiciones climáticas de las regiones a fin de no alterar la disponibilidad del recurso hídrico”, afirmó Trucios.
En regiones como la Comarca Lagunera, el riego es una práctica esencial. Ahí, cerca del 50 % del riego se destina a cultivos como maíz y sorgo forrajero, mientras que el resto se utiliza para producir alfalfa, frutales como nogal y vid, así como hortalizas.
En esta área, el riego rodado es la modalidad predominante debido a su adecuación a las condiciones económicas y a la rentabilidad de los cultivos.
Agua subterránea
El doctor también resaltó la importancia de la gestión del agua subterránea, destacando que “nosotros los usuarios hemos roto los ciclos del uso del agua”.
La extracción excesiva de los acuíferos, sin permitir una recarga natural adecuada, crea un déficit hídrico.
“Estamos extrayendo un volumen mayor al que naturalmente se recarga debido a una población creciente y con esto rompemos el equilibrio”, explicó el investigador.
La investigación y adopción de tecnologías eficientes para el uso del agua en la agricultura son importantes para enfrentar los retos actuales de la gestión hídrica.
Los esfuerzos del INIFAP, a través del CENID-RASPA, son un paso significativo hacia una agricultura más sostenible y resiliente.
Implementar prácticas adecuadas y adaptar los cultivos a las condiciones climáticas y de recursos disponibles son estrategias clave para asegurar la producción agrícola en el futuro.
El avance en estas áreas no solo beneficiará a los agricultores, sino que también contribuirá a la preservación de los recursos hídricos, garantizando su disponibilidad para las generaciones venideras.
Steve A. Kay, autor principal del estudio y rector de Neurología en la Facultad de Medicina Keck, afirmó: “Las plantas han evolucionado para usar sus relojes circadianos para medir y adaptarse exquisitamente a su entorno”.
Este estudio se centró en las respuestas de las plantas bajo condiciones de estrés hídrico y salino.
Uno de los hallazgos más destacados es la identificación de un elegante circuito de retroalimentación controlado por una proteína conocida como ABF3, que ayuda a las plantas a adaptarse a condiciones extremas como la sequía.
La proteína ABF3 juega un rol importante en la regulación del ácido abscísico, una hormona del estrés que las plantas producen cuando los niveles de agua son muy altos o muy bajos.
“Los niveles de ácido abscísico están controlados tanto por las proteínas del reloj circadiano como por ABF3″, explicaron los investigadores.
Este circuito de retroalimentación es esencial para la adaptación de las plantas a condiciones extremas, permitiendo que las plantas gestionen el estrés externo mientras mantienen su crecimiento y desarrollo.
Respuestas a la salinidad
El estudio también reveló un proceso similar para manejar los cambios en los niveles de salinidad del suelo.
Esto sugiere que los mecanismos de adaptación al estrés hídrico y salino en las plantas podrían estar interconectados.
Los datos genéticos indican que las proteínas de reloj regulan ABF3 a lo largo del día para ayudar a las plantas a responder a los cambios en los niveles de agua, y ABF3 devuelve información a las proteínas de reloj para mantener bajo control la respuesta al estrés.
Arabidopsis thaliana
Kay y su equipo estudiaron Arabidopsis thaliana, una planta común en la investigación científica por su ciclo de vida rápido y genoma simple.
Crearon una biblioteca de más de 2 mil factores de transcripción de Arabidopsis para analizar cómo las plantas manejan estos cambios ambientales.
Descubrieron que la hormona de estrés ácido abscísico, regulada por proteínas de reloj y el factor de transcripción ABF3, facilita que las plantas respondan a las variaciones en los niveles de agua.
“Nos llevamos una gran sorpresa: muchos de los genes que regulaba el reloj estaban asociados con respuestas a la sequía”, dijo Kay.
La investigación mostró que ese circuito de retroalimentación permite a las plantas gestionar el estrés externo mientras mantienen su crecimiento y desarrollo, proporcionando una solución potencial a la ingeniería de cultivos que puedan soportar condiciones climáticas cambiantes.
La Arabidopsis thaliana fue la estudiada por el equipo de Kay (Foto: Infobae)
Ingeniería genética y CRISPR
La ingeniería genética podría ofrecer una solución adicional.
Según el equipo de Kay, la edición de genes mediante CRISPR podría diseñar cultivos que produzcan ABF3 y otros factores de resistencia al estrés.
“Esto podría ser un avance significativo en el pensamiento sobre cómo modular las plantas de cultivo para que sean más resistentes a la sequía”, afirmó Kay.
Este enfoque abre nuevas vías para adaptar los cultivos a los desafíos climáticos, asegurando así la estabilidad del suministro de alimentos.
Además de Steve A. Kay, otros investigadores del estudio son Tong Liang, Shi Yu, Yuanzhong Pan y Jiarui Wang, todos del Departamento de Neurología de la Facultad de Medicina Keck.
Los hallazgos se basan en una larga línea de investigación sobre el papel de las proteínas del reloj circadiano tanto en plantas como en animales.
Estas proteínas, que regulan los cambios biológicos a lo largo del día, pueden proporcionar una solución inteligente a uno de los mayores desafíos actuales en la ingeniería de cultivos.
“El potencial para mejorar la resiliencia de los cultivos mediante la manipulación de los relojes circadianos es enorme”, destacaron los investigadores.
Bioluminiscencia que indica la respuesta al estrés hídrico del reloj circadiano de la planta Arabidopsis thaliana. (Foto: Tong Liang / Kay Laboratory USC)
El proceso de análisis de datos para estudiar cada factor de transcripción implicó buscar asociaciones entre los genes regulados por el reloj circadiano y las respuestas a la sequía.
Este meticuloso análisis reveló la conexión clave entre ABF3 y la regulación de la respuesta al estrés en las plantas.
“Nuestro enfoque ha permitido identificar los mecanismos subyacentes que las plantas utilizan para adaptarse a condiciones difíciles”, concluyeron.
Los productores de aguacate Hass esperan resultados positivos. (Foto: MAGA)
Los productores en Guatemala se encuentran a la expectativa del proceso de exportación de aguacate Hass hacia Estados Unidos.
Para exportar este fruto, la certificación fitosanitaria es un requisito indispensable. Esto asegura que los productos que se exportarán cumplan con los estándares internacionales de sanidad y calidad.
Hasta el momento, se esperan los resultados del Análisis de Riesgo de Plagas, y si son positivos, los productores tendrán la puerta abierta al mercado del norte.
Este proceso, que duró 60 días y finalizó el 28 de mayo, permitió que los agricultores, expertos y miembros de otros países presentaran sus observaciones, lo que asegura que todas las opiniones sean tomadas en cuenta antes de una decisión final.
En este proceso también participa el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), para garantizar que los productores cumplan con los requisitos para obtener la certificación.
Cabe destacar que únicamente los productores que cumplan con los requisitos de la certificación podrán exportar el aguacate Hass hacia Estados Unidos.
La certificación ayuda a proteger a los consumidores finales y a cuidar la reputación de los productores guatemaltecos en el mercado internacional.
Además, los productores se beneficiarían de accesos más amplios a mercados internacionales, dando como resultado un aumento de ingresos y desarrollo de comunidades rurales.
Monitoreo constante
Para que los productores mantengan los estándares requeridos, se deben tener inspecciones periódicas e implementación de prácticas agrícolas sostenibles para minimizar el riesgo de plagas.
Para esto, el MAGA trabaja en la integración de un Plan Operativo de Trabajo que incluye monitoreos periódicos.
De aprobarse la exportación de aguacate Hass a Estados Unidos, los productores guatemaltecos verán un cambio significativo en sus operaciones.
Entre estos cambios resaltan los accesos a mercados internacionales y el aumento de ingresos, lo que podría transformarse en mejorar la infraestructura y aumentar la inversión en tecnología.
De acuerdo con el Diario de Centro América, los productores esperan exportar unas 15,552 toneladas de aguacate Hass a Estados Unidos en 2030, impulsados por la creciente demanda del fruto en esa nación.
El monitoreo constante es clave para mantener la calidad. (Fotos: MAGA)
“La Secadera” afecta al cultivo de fresa. (Foto: Fernando Maldonado / elsoldemorelia)
Un caso de éxito en el control biológico de la enfermedad conocida como “La Secadera”, la cual afecta gravemente a los cultivos de fresa, se presentó recientemente en la región de Zamora, México.
Este logro, expuesto por el investigador Ramón del Val, sienta las bases para mejorar el cultivo y reducir los daños ocasionados por esta enfermedad.
La problemática de “La Secadera” comenzó a ser evidente a partir de 2017 y es causada por el hongo Neopestalotiopsis, que se ha convertido en un problema global para la producción de fresas.
Este hongo ha reducido en un 60 por ciento la superficie cultivada en los últimos años, afectando significativamente la industria de la fresa.
El estudio y sus resultados
El trabajo realizado por el equipo del investigador Del Val se llevó a cabo en tres parcelas experimentales ubicadas en Chavinda, Zamora y Jacona.
Durante la investigación, se emplearon biológicos nativos de la región, como micorrizas y tricodermas. Según Del Val, “con el uso de biológicos nativos de la región como las micorrizas y los tricodermas se obtuvo fruta de mayor peso y tamaño, con mayor calidad en el caso de la micorriza”.
El uso de estos biológicos mejora la calidad de la fruta y mantiene a raya a los organismos patógenos.
Aunque estos patógenos persisten, no afectan de la misma manera gracias al uso de biológicos.
Del Val enfatizó la importancia de confiar en los microorganismos en lugar de los agentes químicos y recomendó el uso de plantas certificadas y variedades tolerantes a “La Secadera”.
Además, sugirió realizar análisis de suelo y microbiológicos, y aprovechar los insumos generados en las biofábricas.
Metodología
La investigación, iniciada en septiembre de 2022, incluyó el análisis de muestras de suelo de 11 municipios productores, ocho en el valle de Zamora y tres en el valle de Maravatío.
En este esfuerzo colaboraron investigadores de los Institutos Tecnológicos de Tlajomulco de Zúñiga (Jalisco) y Coalcomán, así como del Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario (CBTA) de Tepalcatepec (Michoacán).
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) estatal también participó a través de sus técnicos, quienes realizaron la toma de muestras de suelo, plantas y frutas afectadas.
En la investigación participaron diferentes entidades. (Foto: Fernando Maldonado / elsoldemorelia)
Hongo de “La Secadera”
El hongo Neopestalotiopsis afecta al cultivo de la fresa principalmente a través de la pudrición de la raíz y la corona de la planta, mostrando una gran resistencia a diversos fungicidas químicos.
Este hongo genera podredumbres desde la raíz y, en algunos casos, afecta también a los frutos tras ser cosechados.
Para mitigar estos efectos, es esencial conservar las fresas en postcosecha a bajas temperaturas y no romper la cadena del frío.
Con el avance en el combate al hongo Neopestalotiopsis mediante el uso de biológicos representa un paso significativo hacia la sostenibilidad y mejora de la producción de fresas.
El éxito del estudio liderado por Del Val demuestra que es posible reducir el impacto de “La Secadera” y mejorar la calidad del cultivo con métodos biológicos.
El monitoreo es clave en el Manejo Integrado de Plagas. (Foto: Investiga CyT UNLP)
Un equipo de científicos de la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, está implementando un innovador método de control biológico para combatir las chinches en los cultivos de soja y otros productos hortícolas.
Esta técnica utiliza moscas y avispas, promoviendo un enfoque más ecológico en la gestión de plagas.
Desde la Facultad de Ciencias Naturales y Museo, en el Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE UNLP-CONICET- CIC), los investigadores han estado estudiando las chinches que afectan gravemente a las producciones agrícolas.
Según la directora del proyecto, Fernanda Cingolani, el método se basa en “la capacidad de avispas y moscas parasitoides para atacar a las chinches, interfiriendo en su ciclo de vida y eliminándolas de manera natural“.
El control biológico es un enfoque que emplea organismos vivos para controlar las poblaciones de plagas, enfermedades y malezas. Con este método, es vital identificar a los enemigos naturales de las plagas presentes de forma espontánea en los agroecosistemas.
¿Cómo las controlan?
En este caso, las avispas parasitoides colocan un huevo dentro del huevo de la chinche. La larva que nace de este huevo consume a la chinche durante su desarrollo y, al completar su ciclo, emerge una avispa parasitoide adulta.
Las moscas parasitoides actúan de manera similar, colocando un huevo sobre el cuerpo de la chinche, cuya larva luego se introduce en el cuerpo de la chinche y la consume por dentro durante su desarrollo.
Cingolani explica que tanto las avispas como las moscas son inofensivas para los humanos, ya que no tienen veneno y solo consumen el polen de las flores.
Inofensivas para el humano
Sin embargo, durante su desarrollo, terminan matando a las chinches plaga. “Estas avispas y moscas nos ayudan a combatir las plagas, aprovechando ese servicio ecosistémico que la naturaleza nos regala, esa relación natural que hay en el ambiente”, señaló Cingolani.
La producción de estos enemigos naturales a escala comercial es una práctica común en muchos países del mundo, donde los productores los compran y los liberan en sus campos.
Además, existen iniciativas que promueven que los propios productores críen y mantengan la presencia de estos enemigos naturales en sus terrenos.
Las investigaciones del grupo de Ecología de Plagas y Control Biológico del CEPAVE se centran en entender la biología y ecología de las principales plagas agrícolas y sus enemigos naturales, principalmente parasitoides y depredadores.
Evaluar las interacciones entre estos organismos es una tarea importante para desarrollar estrategias de manejo de plagas más eficientes.
Este proceso incluye monitoreos de las plagas y la recolección de insectos en el campo, seguidos de experimentos tanto en laboratorio como en el propio campo.
El objetivo final es desarrollar e implementar un manejo integrado de plagas con énfasis en el control biológico, aprovechando los recursos naturales propios de la región.
Las avispas y moscas colocan huevos en las chinches, y posteriormente las larvas consumen el cuerpo de la plaga. (Foto: Investiga CyT UNLP)
Fuente: Investiga Agencia CyT de la Universidad Nacional de La Plata