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Maíz desciende de híbrido creado hace 6,000 años

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Jeffrey Ross-Ibarra lideró la investigación sobre el origen del maíz. (Foto: Sasha Bakhter, UC Davis)

La historia del origen del maíz ha dado un giro inesperado, de acuerdo con un artículo publicado por la revista Science, derivado del trabajo de científicos de la Universidad de California, Davis, en Estados Unidos.

Actualmente, este cereal fue el que más se produjo a nivel mundial durante 2022, con 1,155 millones de toneladas, seguido por el trigo y el arroz.

La historia, que tomó más de 100 años para que los científicos aceptaran la idea de que el cultivo fue domesticado hace al menos 9,000 años en tierras bajas de México a partir de una hierba silvestre (una subespecie de teosinte parviglumis), se “complica” con este descubrimiento.

El grupo de genetistas de varias nacionalidades, liderados por Jeffrey Ross-Ibarra, informó que el maíz tiene un segundo ancestro silvestre, según la investigación.

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Entre el 15 % y el 25 % de los genes de las variedades actuales no derivan del parviglumis, sino de una subespecie de teosinte del norte de México, que pasó por un proceso de hibridación con el maíz hace unos 4,000 años, después de que el cultivo fuera domesticado.

Así empezó la investigación

Ross-Ibarra estudiaba la relación de la subespecie teosinte mexicana con el maíz para conocer cómo el cultivo de tierras bajas se adaptó a las tierras altas y frías del centro de México.

El equipo examinó casi 1,000 genomas de maíz de la localidad, y restos de plantas antiguas encontradas desde Estados Unidos hasta Brasil, y concluyó: “la ascendencia mexicana está en todas partes”.

La reconstrucción del árbol genealógico del maíz indica que este se mezcló con el teocintle de las tierras altas hace 6,000 o 4,000 años. Y la única muestra sin ascendencia mexicana era una mazorca de 5,500 años de antigüedad, de Perú.

Los datos genéticos y la evidencia arqueológica sugieren que el maíz salió hacia otros países en dos olas. El cultivo domesticado a partir del parviglumis en el estado de Guerrero hace 9,000 años se extendió en la costa sur, llegó a Panamá hace 7,800 años y a Perú hace 6,700 años.

Luego, hace 6,000 años, en tierras altas de México el maíz se cruzó con el teosinte mexicano, se mezcló con las variedades de la primera hibridación en Centroamérica y Sudamérica; posteriormente, llegó al suroeste de Estados Unidos hace unos 4,000 años.

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Después de este giro, el coautor del estudio, Miguel Vallebueno-Estrada, paleogenómico del Instituto Gregor Mendel de Biología Molecular de Plantas, aseveró: “Ahora hay un panorama más completo de la historia evolutiva del maíz”.

Sorpresa entre expertos

Por su parte, el antropólogo del Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsonian, Logan Kistler, quien estudia la domesticación de las plantas, externó su sorpresa al conocer la noticia.

“El maíz es una planta importante y bien estudiada, todavía hay algo tan básico que aprender de él, es increíble”, afirmó Kistler.

En tanto, la genetista del CNRS, la agencia nacional de investigación de Francia, y la Universidad Paris-Saclay, Maud Tenaillon, aseguró que tiene sentido que la adaptación a tierras altas mejorara con la hibridación de la mexicana.

Algunas de las ventajas que tenía el maíz de la segunda ola respecto al de la primera eran mazorcas más grandes, más granos por hilera y soportaban más horas de luz solar.

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La hibridación mexicana sucedió “en vísperas de una transición hacia una agricultura más sedentaria”, explicó el arqueólogo de la Universidad Estatal de Iowa, Andrew Somerville.

Quienes domesticaron el cereal y lo cruzaron con mexicana eran recolectores que cultivaban pequeños espacios de maíz y otras plantas, y conforme se extendió el maíz de la segunda ola, este se convirtió en el principal alimento básico en Mesoamérica.

Para Ross-Ibarra, antes de la hibridación mexicana el maíz estaba domesticado pero débil y poco confiable. “La influencia de la variación genética del teosinte de las tierras altas pudo convertirlo en algo confiable”, aseguró.

El genetista trabaja actualmente con arqueólogos y genetistas humanos para rastrear la relación entre el maíz y las personas, estudio que recibió una subvención de US$1,6 millones.

Por último, Vallebueno-Estrada dejó un mensaje para meditar: “El maíz es el compendio del trabajo realizado por tantas personas durante miles de años. Gracias a ellos hoy tenemos maíz”.

Jeffrey Ross-Ibarra es doctor en genética con maestrías en botánica, además de profesor del Colegio de Ciencias Biológicas, de la Universidad de California, Davis.

Fuentes: Revista Science / UCDavis / Investigación Two teosintes made modern maize

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Edmundo Cruz
2 months ago

Excelente artículo,

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