En un contexto global marcado por el crecimiento demográfico y la presión sobre los recursos naturales, el futuro de la agricultura se apoya cada vez más en la innovación científica y tecnológica.
Aumentar la productividad en condiciones adversas garantizar la sostenibilidad ambiental y alimentar a una población que alcanzará los 9.700 millones de personas en tres décadas son tareas que ya se están abordando desde la investigación.
Según un artículo del medio EFEAgro, el Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP) desempeña un papel destacado en el desarrollo de cultivos con mayor capacidad para soportar condiciones ambientales extremas.
Este centro investiga cómo las plantas pueden adaptarse al calor, la sequía o la salinidad, condiciones cada vez más frecuentes en los sistemas agrícolas de todo el mundo.
Para los científicos del CBGP, la variabilidad del clima es una situación actual que ya compromete el rendimiento y la estabilidad de muchos cultivos.
Las olas de calor, la falta de lluvias y el aumento de sales en los suelos están modificando las condiciones de cultivo.
En este contexto, la investigación agronómica busca soluciones desde el laboratorio, con la mirada puesta en las próximas décadas.
Biotecnología para una agricultura más adaptable
El CBGP emplea herramientas biotecnológicas para identificar proteínas y mecanismos moleculares que permiten a las plantas resistir condiciones adversas.
La investigadora Mar Castellano explica que el objetivo es desarrollar plantas con más valor nutricional y mayor capacidad productiva: “Queremos producir plantas con más capacidad nutricional o más biomasa para alimentar a más personas en el futuro”.
A partir de los genes identificados, el equipo realiza pruebas de concepto con plantas transgénicas que expresan estas proteínas. “Hacemos plantas que acumulan esas proteínas o activan esos mecanismos y probamos que son eficaces”, añade Castellano.
Uno de los avances más concretos ha sido la creación de tomates con mayor tolerancia a la salinidad, que ya han sido patentados en Europa.
Esta tecnología, según sus desarrolladores, podría aplicarse también a otros cultivos como guisantes, judías, maíz o fresas.
Además, el CBGP trabaja en adaptar estas soluciones a las brásicas —col, brócoli, repollo— debido a su importancia en la alimentación. La intención es extender estas mejoras a especies de consumo diario.
Seguridad alimentaria y estudios sobre alérgenos
La mejora genética no está exenta de precauciones. Muchas de las proteínas utilizadas en los experimentos pertenecen a familias que también incluyen alérgenos. Por ello, el centro investiga qué características provocan alergias en los consumidores.
“Evaluamos qué convierte a una proteína en alérgeno para garantizar la seguridad alimentaria y respaldar un desarrollo responsable”, señala Araceli Díaz, experta en alérgenos del CBGP.
Este análisis forma parte de una línea de trabajo orientada a la transparencia, la seguridad del consumidor y la aceptación pública de estas tecnologías.
Hacia cereales que fijen el nitrógeno del aire
Uno de los proyectos con mayor impacto potencial es el dirigido por Luis Rubio, que busca introducir en los cereales la capacidad de captar el nitrógeno atmosférico.
Actualmente, solo algunas bacterias logran hacerlo mediante una enzima llamada nitrogenasa.
El equipo de Rubio trabaja en transferir estos genes bacterianos a plantas como el trigo, el arroz o el maíz.
De conseguirlo, estas especies podrían desarrollarse sin fertilizantes químicos, lo que transformaría completamente el modelo productivo actual.
Carlos Echavarri, miembro del equipo y profesor de la UPM, destaca los beneficios de esta línea de investigación: “Disminuir el uso de fertilizantes abriría la puerta a una agricultura más sostenible, contribuiría a la recuperación de suelos y reduciría la huella de carbono asociada a su producción”.
No obstante, el propio equipo reconoce que se trata de una meta lejana. Lograr que una planta genere su propio fertilizante no sucederá de inmediato.
Es un proceso que puede tomar décadas, pero que promete grandes cambios a largo plazo.
Un centro de investigación con tecnología avanzada
El CBGP cuenta con un invernadero de 1,200 metros cuadrados y equipamiento que permite simular condiciones extremas para estudiar la respuesta de las plantas.
Esto incluye sistemas de iluminación, climatización y dispositivos de medición automatizada.
Además, dispone de rizotrones, estructuras que permiten observar el desarrollo de las raíces a través de placas transparentes.
Con ellos, se recopilan datos que ayudan a entender cómo crecen las plantas bajo estrés hídrico, salino o térmico.
Esta infraestructura no solo se utiliza para investigaciones internas. También se abre a la colaboración con organismos públicos y empresas privadas.
La ciencia aplicada al sector productivo es parte del enfoque del CBGP.
Una agricultura transformada por la ciencia
La agricultura del futuro está en construcción y no depende únicamente del campo. Los laboratorios juegan un papel creciente en el desarrollo de alimentos adaptados a nuevas realidades climáticas y sociales.
El trabajo del CBGP, con soluciones para suelos salinos, calor extremo y plantas que no necesitan fertilizantes, representa una transformación profunda del modelo agrícola actual.
Estas investigaciones, además de mejorar el rendimiento, buscan proteger la salud de los consumidores y reducir el impacto ambiental.
La colaboración entre ciencia, tecnología y sector productivo será clave para asegurar que estos avances lleguen al campo y a la mesa, en un entorno cada vez más complejo para la producción de alimentos.
Fuente: EFEAgro



