La degradación del suelo, uno de los problemas más urgentes de la agricultura moderna, ha encontrado una solución inesperada en Australia: la lana de oveja reciclada.
En un país que, pese a la caída global de la demanda, sigue siendo uno de los mayores productores de lana del planeta, científicos y agrónomos han puesto en marcha una técnica prometedora para recuperar suelos agrícolas deteriorados a partir de un residuo que hasta ahora carecía de valor comercial.
Un doble problema: degradación y exceso
Décadas de agricultura intensiva y sequías recurrentes han provocado la pérdida de materia orgánica, la compactación del terreno y la desaparición de microorganismos beneficiosos para la fertilidad.
Esta degradación es especialmente preocupante en un país con más de 427 millones de hectáreas agrícolas y una producción anual que supera los 90.000 millones de dólares, donde la salud del suelo condiciona directamente la seguridad alimentaria y la economía rural.
Al mismo tiempo, la industria lanera australiana enfrenta una situación paralela: la caída de la demanda internacional ha transformado la lana en un residuo sin salida comercial.
A pesar de que Australia continúa como uno de los principales productores mundiales, cerca de 200.000 toneladas de lana anuales no encuentran comprador.
Lana de oveja como herramienta científica
La técnica consiste en cubrir los suelos agrícolas con lana procesada, utilizando este subproducto de la industria ovina como una capa protectora sobre terrenos degradados.
La queratina, el principal componente de la fibra de lana, puede retener hasta el doble de su peso en agua y genera microespacios de aire que favorecen la oxigenación en suelos compactados.
Ensayos de campo en diversas regiones del país muestran resultados prometedores:
- Hasta un 35 % menos de evaporación de agua del suelo.
- Incremento de 30 % a 50 % en la actividad microbiana, un indicador clave de salud del suelo.
- Aumentos productivos que pueden alcanzar hasta el 18 %, impulsando la recuperación progresiva del suelo y generando nuevas oportunidades económicas rurales.
Estos datos indican que la lana actúa como una barrera física contra el estrés hídrico y transforma la estructura biológica del suelo, creando condiciones más favorables para los cultivos.
La agricultura y el reto del suelo
La degradación del suelo no es un problema exclusivo de Australia, sino una preocupación creciente en muchas regiones agrícolas.
La pérdida de materia orgánica y la erosión limitan la productividad y ponen en riesgo la sustentabilidad de los sistemas de cultivo.
Expertos en manejo sostenible de suelos señalan que el uso de residuos orgánicos agrícolas —como la lana, el compost o los restos vegetales— puede mejorar la estructura del suelo, aumentar su capacidad de retención de agua y fomentar la biodiversidad microbiana.
Aunque se requiere mayor investigación a largo plazo, los primeros resultados en Australia abren nuevas posibilidades para replicar esta estrategia en otros entornos.
Tradición ovina frente a nuevos escenarios
Aunque la lana es ahora una herramienta útil para recuperar tierras agrícolas, la industria ovina australiana vive un proceso de transformación.
A finales de 2025 y comienzos de 2026, algunos reportes indican una reducción del 9 % del rebaño nacional, situando la población ovina en unos 44 millones de cabezas.
Esto refleja tanto una caída en la demanda de lana como una revisión de las prioridades productivas del país.
El sector lanero mundial ha atravesado cambios marcados. Aunque Australia se mantiene como el mayor proveedor de lana a nivel global, el volumen de producción se ha reducido notablemente respecto a sus máximos históricos en la década de 1970.
Perspectivas futuras
El uso de lana como cobertura del suelo podría integrarse dentro de enfoques de agricultura regenerativa, que buscan restaurar la salud del ecosistema agrícola mediante prácticas que aumenten la biodiversidad y la actividad biológica del suelo.
Comunidades de productores ya exploran modelos que combinan producción ovina, mejora de suelos y bienestar animal, aunque todavía hay barreras técnicas y económicas por superar.
Fuente: El Confidencial



