Ante el posible desarrollo del fenómeno de El Niño en 2026, la falta de agua y las altas temperaturas vuelven a ser temas importantes para el campo.
Aunque sus efectos pueden variar según el país, la zona productiva y el cultivo, este fenómeno suele relacionarse con cambios en la distribución de lluvias, temperaturas más altas y mayor presión sobre la disponibilidad de agua en algunas regiones.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) reportó que, en abril de 2026, se mantenían condiciones ENSO-neutral, pero que El Niño podría surgir entre mayo y julio de 2026 y persistir al menos hasta finales del año.
El Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad de la Universidad de Columbia (IRI) también reportó, a mediados de abril de 2026, una transición rápida hacia El Niño según sus modelos de pronóstico.
Atención por sequías y calor
El Niño forma parte de la variabilidad natural del clima. Cuando se desarrolla, puede modificar los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del mundo.
Esto no significa que todos los países tendrán sequía ni que todos los cultivos responderán igual.
El comportamiento puede cambiar según la ubicación, la época del año, la altitud, el tipo de suelo, el acceso a riego y la etapa del cultivo.
Sequía y estrés térmico
La sequía no se trata solo de que deje de llover.
Para el cultivo, el problema aparece cuando la humedad disponible en el suelo no alcanza para cubrir sus necesidades.
Esto puede ocurrir por falta de lluvia, mala distribución de las precipitaciones, baja capacidad del suelo para retener agua o altas temperaturas que aumentan la evaporación.
El estrés térmico ocurre cuando la planta se expone a temperaturas elevadas durante un período suficiente para afectar su crecimiento, floración, fotosíntesis o llenado de fruto.
Cuando el calor se combina con falta de humedad, el cultivo puede perder agua más rápido y reducir su actividad para protegerse.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que la agricultura suele ser el primer sector afectado por la sequía y también uno de los más impactados, por sus efectos sobre la producción, la seguridad alimentaria y los medios de vida rurales.
7 señales que tiene que observar antes
La prevención empieza con observación. Antes de tomar decisiones más costosas, conviene revisar señales sencillas en el campo:
- Si las lluvias se están espaciando más de lo normal.
- Si la capa superior del suelo se seca muy rápido.
- Si hay hojas enrolladas, marchitez temporal o pérdida de vigor.
- Si la floración ocurre en días de calor fuerte.
- Si el cultivo detiene su crecimiento.
- Si las fuentes de agua bajan antes de lo esperado.
- Si aparecen plagas favorecidas por condiciones secas y calientes.
Estas señales no deben verse de forma aislada. Un cultivo puede marchitarse al mediodía y recuperarse por la tarde, pero si esa condición se repite varios días, puede indicar que la planta está trabajando bajo estrés.
Ante un posible escenario de El Niño, observar temprano es especialmente importante porque permite ajustar el manejo antes de que la falta de agua o el calor afecten etapas sensibles del cultivo.
Cuidar el suelo para conservar más humedad
El suelo es la primera reserva de agua del cultivo. Cuando está descubierto, compactado o con poca materia orgánica, pierde humedad con mayor facilidad y aprovecha peor cada lluvia.
Una práctica preventiva es mantener cobertura sobre el suelo, ya sea con rastrojo, residuos vegetales, cultivos de cobertura o mulch, según el sistema productivo.
La cobertura ayuda a reducir la evaporación, moderar la temperatura del suelo y protegerlo contra la erosión.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) recomienda aumentar la cobertura del suelo mediante mulch o cultivos de cobertura para conservar humedad y reducir la temperatura del suelo en condiciones más cálidas y secas.
En la práctica, esto significa que cada lluvia debe aprovecharse mejor.
Un suelo cubierto y con buena estructura permite que el agua entre, se almacene y esté disponible por más tiempo para las raíces.
Revisar la disponibilidad de agua antes del momento crítico
Cuando se espera una etapa seca o temperaturas altas, no conviene esperar a que el cultivo llegue a floración, llenado de fruto o formación de grano para revisar el agua disponible.
En cultivos bajo riego, es importante verificar el estado de pozos, reservorios, canales, bombas, mangueras, cintas, aspersores o sistemas de goteo.
También conviene revisar pérdidas por fugas, baja presión, obstrucciones o aplicaciones poco uniformes.
En cultivos de temporal, donde el agricultor depende más de la lluvia, la atención debe estar en la humedad del suelo, la fecha de siembra, la cobertura, la preparación del terreno y la selección de materiales adaptados a la zona.
El USDA también recomienda mejorar la eficiencia del riego y ajustar fechas de siembra para evitar que etapas críticas del cultivo coincidan con períodos de mayor estrés por calor o falta de agua.
Proteger las etapas más sensibles del cultivo
No todas las etapas del cultivo sufren igual la falta de agua o el calor.
Algunas fases requieren mayor atención porque un estrés fuerte puede afectar directamente el rendimiento.
En muchos cultivos, los momentos más sensibles suelen estar relacionados con:
- Germinación y establecimiento
- Crecimiento vegetativo inicial
- Floración
- Cuajado
- Llenado de grano o fruto
- Maduración
Si se cuenta con riego limitado, conviene priorizar las etapas en las que el cultivo tiene mayor demanda de agua o mayor riesgo de pérdida productiva.
Si el sistema es de temporal, el objetivo debe ser sembrar con la mejor humedad posible, evitar suelos descubiertos y dar seguimiento a los pronósticos locales antes de realizar labores importantes.
En un año en el que se monitorea la posible evolución de El Niño, esta planificación cobra más valor.
La clave no está solo en saber si habrá menos lluvia, sino en identificar cuándo podría faltar humedad y qué etapa atravesará el cultivo en ese momento.
Reducir el impacto del calor en el cultivo
El estrés térmico no se maneja únicamente con más agua.
En algunos casos, también se puede reducir la exposición directa al calor, especialmente en hortalizas, viveros, almácigos, plantas jóvenes o cultivos sensibles.
Algunas medidas preventivas pueden incluir usar sombra temporal en viveros o cultivos delicados; mantener cobertura para reducir la temperatura del suelo, y programar riegos en momentos de menor evaporación.
Además, evitar labores fuertes en las horas de mayor calor; reducir el trasplante en días extremadamente calientes, y revisar que las aplicaciones foliares no se hagan bajo temperaturas muy altas.
La FAO y la Organización Meteorológica Mundial (WMO) han advertido que el calor extremo representa riesgos para los sistemas agroalimentarios porque puede afectar cultivos, ganado, pesca y medios de vida rurales.
Ajustar el manejo agronómico según el riesgo
Cuando se prevé una temporada seca o calurosa, algunas decisiones agronómicas pueden revisarse con anticipación.
No se trata de cambiar todo el sistema, sino de ajustar lo que pueda reducir el riesgo.
Entre las medidas que pueden evaluarse están:
- Seleccionar variedades o híbridos con mejor tolerancia a sequía o calor, cuando estén disponibles;
- Revisar fechas de siembra;
- Ajustar densidades de siembra si la disponibilidad de agua será limitada;
- Mejorar la cobertura del suelo;
- Reducir pérdidas en riego;
- Planificar fertilización según humedad disponible;
- Monitorear plagas y enfermedades con más frecuencia.
El USDA incluye entre sus recomendaciones para condiciones más cálidas y secas la selección de variedades resistentes al calor o sequía, el ajuste de fechas de siembra, la modificación de densidades de población y la mejora de la eficiencia del riego.
Cuidar la nutrición sin forzar al cultivo
La nutrición también debe manejarse con prudencia durante períodos de estrés.
Un cultivo con buena nutrición puede responder mejor, pero una aplicación mal programada, especialmente si hay poca humedad, puede no ser aprovechada de forma eficiente.
Cuando el suelo está seco, la absorción de nutrientes puede reducirse.
Por eso, conviene revisar la humedad antes de fertilizar, evitar aplicaciones en momentos de calor extremo y apoyarse en análisis de suelo, recomendaciones técnicas y condiciones reales del cultivo.
En épocas de sequía o estrés térmico, la meta no es exigirle más a la planta, sino ayudarla a mantener su funcionamiento con el menor desgaste posible.
Monitorear plagas, enfermedades y malezas
Las condiciones secas y calientes también pueden cambiar la presión de plagas, enfermedades y malezas.
Algunos problemas pueden aumentar cuando el cultivo está debilitado o cuando el ambiente favorece ciertos insectos.
El monitoreo temprano permite detectar cambios antes de que el problema avance.
Conviene revisar hojas, tallos, brotes, flores, frutos y raíces, según el cultivo. También es importante observar si hay malezas compitiendo por agua, luz y nutrientes.
En sequía, una maleza no controlada puede representar una competencia directa por la humedad disponible. Por eso, el manejo temprano de malezas ayuda a reducir presión sobre el cultivo principal.
Consultar pronósticos y recomendaciones
Los pronósticos internacionales ayudan a entender el contexto climático, pero las decisiones agrícolas se toman con información local.
Por eso, es importante consultar los servicios meteorológicos de cada país y dar seguimiento a los reportes por región.
Para México, Centroamérica, Colombia y Ecuador, las fechas de siembra, la duración de la época lluviosa y la intensidad del calor pueden variar mucho entre zonas.
Una recomendación útil en un valle bajo puede no ser la mejor para una zona alta, una región cafetalera, una zona arrocera o un área hortícola.
La prevención funciona mejor cuando el agricultor combina tres fuentes de información: el pronóstico, la observación de campo y la asesoría técnica.
Anticiparse durante El Niño es proteger el cultivo
La sequía y el estrés térmico no siempre pueden evitarse, pero sus efectos pueden reducirse cuando se actúa a tiempo.
En un año en el que los centros climáticos monitorean la posible evolución de El Niño, anticiparse permite observar mejor el suelo, cuidar la humedad disponible, revisar fuentes de agua y proteger las etapas sensibles del cultivo.
Para el agricultor, prepararse no significa alarmarse.
Significa usar la información climática como una herramienta para tomar mejores decisiones antes de que la falta de agua o el calor limiten el desarrollo de la plantación.
Fuentes: Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. (2026, abril 9). Discusión diagnóstica de El Niño/Oscilación del Sur. Climate Prediction Center / Food and Agriculture Organization of the United Nations. (s. f.). Drought. Land & Water / International Research Institute for Climate and Society. (2026, abril 20). ENSO forecast. Columbia Climate School / United States Department of Agriculture. (s. f.). Manage crops to cope with warmer and drier conditions. Climate Hubs



