El cultivo de Zea mays requiere condiciones edáficas específicas para expresar su máximo potencial.
El suelo actúa como soporte físico y es el medio donde se producen procesos clave como la absorción de nutrientes, el desarrollo radicular y la regulación hídrica.
Comprender las características del suelo, saber interpretarlas y aplicar los manejos adecuados puede marcar la diferencia entre un cultivo con bajos rendimientos y uno altamente eficiente.
En este artículo se abordan los principales aspectos del suelo para el maíz, desde la preparación, análisis, enmiendas hasta plagas y tipos de suelo, respaldados por estudios técnicos y experiencias regionales.
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Preparación del suelo para siembra de maíz
La preparación del suelo es un paso que define el éxito de la siembra.
En un estudio realizado por la Universidad de Chile, se compararon distintos sistemas de labranza y se observó que la combinación de rotación con labranza convencional generó rendimientos promedio de 18.700 kg/ha, mientras que la labranza mínima obtuvo 16.300 kg/ha, una diferencia del 13 % a favor de la labranza tradicional.
La profundidad del laboreo (20–30 cm) debe permitir un crecimiento radicular libre y eficiente, evitando zonas compactadas que limiten la exploración de raíces.
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Calicatas: suelo adentro
Las calicatas permiten visualizar la estructura del suelo en profundidad. En prácticas de campo en Guatemala, este método ayudó a identificar capas endurecidas o cambios de textura que obstaculizaban el desarrollo de raíces.
También facilita observar la presencia de raíces activas, humedad residual y materia orgánica por horizonte.
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Análisis de suelo
En un estudio de maestría realizado en la Universidad Nacional de Río Cuarto (Argentina), se promovió el uso combinado de análisis químico del suelo y análisis foliar en estadios vegetativos para mejorar la eficiencia en la fertilización.
El pH, contenido de materia orgánica, nitrógeno, fósforo, potasio, textura y CIC son variables claves.

En suelos de Guatemala con pH entre 5,5 y 6,5 y materia orgánica superior al 2 %, se lograron rendimientos de hasta 8 t/ha, mientras que suelos con pH menor a 5,0 apenas alcanzaron 5 t/ha.
Este contraste refleja una mejora del 60 % en rendimiento al corregir condiciones químicas básicas.
Tipos de suelo
El maíz se adapta mejor a suelos francos, bien drenados y profundos, pero también puede cultivarse en suelos arcillosos o arenosos si se manejan adecuadamente.
- Suelos francos: equilibrio en textura y buena retención de nutrientes.
- Suelos arcillosos: productivos si se controla la compactación.
- Suelos arenosos o salinos: requieren manejo más intensivo para asegurar fertilidad y estructura adecuada.
Enmiendas
Las enmiendas permiten corregir limitaciones químicas o físicas del suelo.
- Orgánicas (compost, estiércol, lombricompost): aportan materia orgánica estable y estimulan la biología del suelo.
- Minerales:
- Cal agrícola (CaCO₃) se usa en suelos ácidos en dosis de 2–4 t/ha.
- Yeso agrícola mejora suelos con exceso de sodio, favoreciendo su estructura.

Enmiendas para suelos salinos
Cuando la conductividad eléctrica es mayor a 4 dS/m, se recomienda aplicar yeso agrícola entre 2 y 5 t/ha, seguido de riegos profundos.
En un ensayo del altiplano guatemalteco, esta práctica permitió reducir la salinidad en un 30 % en dos ciclos agrícolas, restaurando la capacidad productiva.
Enmiendas para suelos ácidos
Aplicar cal en suelos con pH bajo permite neutralizar la acidez y mejorar la disponibilidad de nutrientes como el fósforo.
En suelos arcillosos con pH 5,0, este tratamiento elevó el pH y favoreció el crecimiento de raíces, sin necesidad de aplicar nitrógeno sintético adicional.
Temperatura del suelo para siembra
El maíz germina de forma óptima cuando la temperatura del suelo está entre 10 y 12 °C. Sembrar antes de alcanzar este umbral puede afectar la emergencia y uniformidad del cultivo.
En Sacatepéquez, retrasar la siembra hasta que el suelo superara los 10 °C incrementó en un 15 % la uniformidad de plantas emergidas.

Plagas del suelo
Algunas plagas presentes en el suelo impactan el establecimiento inicial del maíz:
- Gusanos alambre (Agriotes spp.): perforan semillas y raíces.
- Nematodos: Heterodera zeae reduce el desarrollo radicular.
- Hongos como Fusarium spp. prosperan en suelos compactados o encharcados.

Estas plagas pueden provocar pérdidas de población vegetal de hasta 10 %, afectando directamente el rendimiento.
Enmiendas orgánicas
En estudios realizados en sistemas agroforestales con Inga spp., se logró un rendimiento de 1.645 kg/ha sin fertilización nitrogenada, utilizando únicamente cal dolomítica, roca fosfórica y sulfato de potasio con magnesio.
En otras experiencias centroamericanas, la aplicación de compost a 10 t/ha aumentó la materia orgánica del suelo en 1 %, generando incrementos en el rendimiento de 0,5 t/ha.
Claves para lograr un suelo productivo en el cultivo de maíz
El estudio del suelo del maíz confirma que un manejo agronómico adecuado puede marcar diferencias sustanciales en el rendimiento.
Factores como estructura física, pH, contenido de materia orgánica, temperatura y presencia de plagas deben diagnosticarse y corregirse en función del contexto local.

Los datos muestran que ajustar el pH, aplicar enmiendas orgánicas o corregir salinidad puede traducirse en incrementos del 60 % o más en productividad.
Además, la integración de prácticas sostenibles —como el uso de compost o sistemas agroforestales— permite mantener la fertilidad sin depender completamente de insumos químicos.
Un suelo fértil y equilibrado es más que un requisito agronómico: es la base de una producción rentable, sostenible y resiliente frente a los desafíos del clima y del mercado.